jueves, 1 de septiembre de 2016

Dìa 1

Hoy toquè fondo... el dìa transcurriò como siempre desde la mañana muy temprano tratando de animar al cuerpo para que lograr despertar. Siento la alarma y mi mundo se viene abajo, mientras allà afuera hace mucho frìo y me preparo psicològicamente para meterme a la ducha. Me levanto y camino algo inclinada, tropezando con cada cosa que dejè anoche tirada en el piso en mi intento de desordenar y reordenar el mundo de esa pieza que pide a gritos un cambio de trescientos sesenta grados. Miro las paredes oscuras y maltrechas; me da pena mirar la humedad carcomiendo el cemento, sin embargo vuelvo a mi marcha fùnebre de toda mañana y me encierro en el baño con la esperanza de que el tiempo se pueda detener al menos por cinco minutos para poder cerrar los ojos y descansar un poco màs. Es tan temprano y a la vez tan tarde... y en estos momentos el sentimiento rosa maldito y hedonista no cabe en mi espìritu porque para variar tengo sueño y ya estoy muy atrasada. 
Mientras me siento en la taza del baño para eliminar la orina de mi cuerpo, pienso en cuàntos kilòmetros tendrè que viajar nuevamente para llegar al trabajo y cuando pienso en eso logro sumirme en una desesperaciòn total y empiezo a cuestionarme hasta mi salud mental.

Me digo estoy loca, nadie en su sano juicio viaja tantas horas en bus sòlo para perseguir su vocaciòn... y me quedo otros minutos màs pensando en que en ese preciso instante miles de personas se encuentran en su quinto sueño durmiendo felices y abrigados en sus camas. En ese intertanto que pienso en esta vil verdad, comienzo a sentir rabia y màs impotencia, tanto asì que la voz de mi amado por las mañanas me irrita bastante y en lugar de ser cariñosa escojo ignorarlo, ya que el solo hecho de pensar en còmo entablar una conversaciòn civilizada y tierna tan temprano definitivamente me saca de mis cabales porque tengo sueño y porque no deseo que nadie se dè cuenta de cuàn cabreada estoy de viajar todos los dìas.

En fin, el tiempo hace lo suyo y asì tambièn repercute en mi humor (darìa lo que fuera por quedarme acostada haciendo absolutamente nada), mi cordura se desvanece y cada vez que parto por las mañanas suspiro mientras veo còmo los pàjaros cantan y la luz del dìa se refleja por la ventana del auto.

No sè, si el tiempo se ha convertido en mi enemigo o es parte de un puto plan secreto del que yo no me he enterado, pero mi cuerpo y èl ùltimamente no congenian muy bien, ya que no importa cuànto me apure en prepararme el mate por las mañanas y empacar mi yoghurt y cereal; por alguna razòn extraña no consigo salir de mi casa a una hora decente. Parece que el cansancio se ha resumido y personificado en la respiraciòn, ahora todo lo que hago es sobrevivir un dìa màs.

Bueno, al final no sufro por sufrir; sufro porque extraño mi cama y porque extraño el cuerpo de mi hombre, el calor de su piel y las noches interminables. Extraño esos dìas en que hacer el amor era el mejor panorama del fin de semana; ahora todo se resume en una cena, ojos entrecerrados y las malditas ganas de solo dormir... tal como ahora que estoy escribiendo el primer dìa de mi blog.

... me siento como en una telenovela donde siento de fondo una mùsica proveniente del violìn tan cursi y repugnante que me dan ganas de vomitar mi revoluciòn. Puaj! definitivamente necesito una terapia intensiva, ya que en estos mismos instantes el maldito Arjona y sus coplas enfermantes llenan mi cabeza. Sì , estoy cansada lo sè, no hace falta recordarlo y tampoco hace falta recordar que mañana tendrè que levantarme aùn màs temprano para tomar el bus que me lleve al trabajo.

Pffff contarè ovejas mejor serà, tal vez mañana el sol se digne a aparecer y ya no tenga esta insanidad mental crònica que disimulo a la perfecciòn.